domingo, 24 de agosto de 2014

Dios no tiene deseos ni necesidades. Él no confiere ni retiene. Él es el testigo eterno. Repitiendo esto en un lenguaje que les resulte compresible, diría que Él es como el cartero que no se interesa por el contenido de las cartas que entrega a los destinatarios. Una carta puede comunicar victoria, otra derrota. Ustedes reciben aquello por lo que han trabajado. Actúen bien y reciban bien a cambio. Sean malos y acepten el mal, que retornarán a ustedes. Ésa es la ley y en verdad no hay ayuda ni impedimentos

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