lunes, 19 de enero de 2015

LA ERA DE LA LUZ













En cada siglo, emergen unos pocos hombres que destacan de sus contemporáneos. Sus dones son manifiestos, su genialidad brilla para que todos la vean y aclamen. Les conocemos como los grandes descubridores, pintores, escritores, músicos y científicos cuyo trabajo ha conducido a la humanidad hacia adelante en una creciente conciencia despierta de sí misma y su potencial.
En los tiempos recientes, su énfasis ha estado en la ciencia y la expansión del conocimiento humano. Esto ha preparado el camino para un extraordinario despertar de la mente de los hombres a un nivel más allá de lo que se esperaba alcanzar hasta ahora. El hombre permanece hoy en el umbral de una nueva iluminación, de descubrimientos que ensombrecerán todos los logros previos.
Esta época venidera será conocida como la Era de la Luz, y la Luz en todos sus significados y manifestaciones se convertirá en el origen del hombre. Ya, las señales están ahí para que los que disciernen que el hombre está llamando a la puerta que conduce a la Cámara de la Luz. (Maestro de Benjamin Creme, de ‘La Era de la Luz’)

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lunes, 12 de enero de 2015

CONOCIMIENTO.






















Durante muchos siglos ha tenido la “doctrina secreta” notable semejanza con el
“hombre de las aflicciones” a que alude el profeta Isaías. “¿Quién creyó
nuestras palabras?”, fueron repitiendo sus mártires de generación en
generación. La doctrina se ha robustecido ante sus perseguidores “como tierna planta o
raíz en tierra árida; no tiene forma ni belleza…; los hombres la rechazan y
menosprecian y apartan de ella sus rostros… No la tienen en estima”.
No es necesario discutir si esta doctrina concuerda o no con la iconoclasta tendencia
de los escépticos contemporáneos. Concuerda con la verdad, y esto basta. Inútil fuera
esperar que sus detractores creyesen en ella. Pero la tenaz vitalidad de que da
muestras en cualquier parte del mundo donde haya un grupo de hombres dispuestos a
luchar en su favor, es la mejor prueba de que la semilla plantada por nuestros padres
“al otro lado de las aguas” era de vigoroso roble y no esporo de teológico hongo.
Ninguna salpicadura de la ridiculez humana puede caer en su campo, ni rayo alguno,
aun forjado por los vulcanos de la ciencia, es bastante poderoso para abatir el tronco ni
siquiera para chamuscar las ramas de este árbol mundanal del CONOCIMIENTO





















Si prescindimos de la letra que mata y penetramos el sutil espíritu que vivifica,
hallaremos ocultas en los Libros de Hermes (modelo y dechado de los demás) las
pruebas de una verdad y de una filosofía que debe estar basada en leyes eternas.
Intuitivamente comprenderemos que por finitas que sean las facultades del hombre
encarnado, han de estar en íntima relación con los atributos de la Deidad infinita, y
apreciaremos mejor el oculto significado del don concedido por los Elohim a Adán
cuando le dijeron: “He aquí que os he dado cuanto hay sobre la haz de la tierra.
Subyugadlo y tened dominio sobre TODO”.




















No hubiera sido rechazada durante tanto tiempo la verdadera interpretación que al
Génesis dieron los cabalistas, si se hubiesen comprendido mejor las alegorías de los
primeros capítulos, siquiera en su sentido geográfico e histórico, que nada tiene de
esotérico. Quien estudie la Biblia ha de tener presente que los capítulos I y II del
Génesis no son de un mismo autor, pues las alegorías y parábolas572 que forman el
texto en lo referente a la creación y población de la tierra se contradicen opuestamente
en lo relativo al orden, tiempo, lugar y método de la llamada creación. Quien tomara
literalmente los relatos del Génesis rebajaría la dignidad de Dios al nivel del hombre,
como si Dios tuviese necesidad de “descansar de sus labores”, solazarse en la “frescura
del día”, sentir cólera y deseos de venganza y precaverse contra Adán “para que no
pruebe el fruto del árbol de la ciencia”573. Pero en cuanto reconocemos el sentido
alegórico de la narración de los que pudiéramos llamar hechos históricos, nos
encontramos en terreno firme.

isis sin velo 2