domingo, 5 de octubre de 2014

MAITREYA EN KENIA

Estoy feliz de poder hablaros una vez más, y deciros que vengo para llevaros conmigo a la Tierra Nueva – la Tierra del Amor, la Tierra de la Confianza, de la Belleza y de la Libertad.
Os llevaré allí si podéis seguirme, aceptarme, dejarme conduciros y guiaros. Y, si es así, construiremos juntos un Mundo Nuevo:
Un mundo donde los hombres puedan vivir sin temor, sin desconfianza, sin división; compartiendo juntos las rique­zas de la Tie­rra, conociendo juntos la felicidad de la unión con nuestro Origen.
Todo esto puede ser vuestro. Sólo tenéis que dar los primeros pasos y podré conduciros. (Maitreya, del Mensaje Nº 3)

Muchos esperan que Maitreya y los Maestros corrijan todos los errores y transformen al mundo. Que Ellos mostrarán el camino, que guiarán e inspirarán no se puede negar. Que pondrán al servicio de la humanidad Su luz y sabiduría es igualmente cierto. Pero el trabajo de transformación debe llevarse a cabo por la misma humanidad, aceptando con alegría los cambios y los sacrificios que deben sobrevenir. Sólo mediante semejante aceptación voluntaria pueden los cambios arraigarse y crear las condiciones para una nueva y mejor vida para el hombre. Para señalar el camino, y construir los cimientos de las estructuras de la Nueva Era, están emergiendo ahora los entrenados arquitectos de la civilización venidera. Reconocedles por su deseo de servir, su sabiduría y su amor manifestado. (Maestro de Benjamin Creme, de ‘El emerger de grandes servidores’)

Todas las personas, con el tiempo, incluso las que no están dedicadas a una vida religiosa, compartirán el sentimiento de una base espiritual de la vida, se esforzarán en expresar esta verdad interior percibida, en cualquier campo de la actividad humana a la que estén dedicadas, ya sea política, científica, educativa o artística, y construirán una cultura y una civilización que reflejará de forma directa su experiencia de que Dios, la Naturaleza y el hombre son Uno. Entonces las revelaciones sucederán a las revelaciones hasta que nos encontremos en posesión de ese conocimiento que nos abrirá los secretos de la vida misma y nos permitirá convertirnos en creadores y colaboradores conscientes con Dios. (Benjamin Creme, La Misión de Maitreya, Tomo I)


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